La incorporación de nuevas profesiones al mercado laboral es ya una constante. Transformación digital, sostenibilidad, inteligencia artificial, ciberseguridad, son conceptos que planean por el mundo empresarial demandando de nuevas habilidades y conocimientos.

En este sentido, la adaptación y la versatilidad se convierten en cualidades indispensables que todo profesional debería tener en cuenta en algún momento, a fin de maximizar sus oportunidades de empleo.

 

Para dar respuesta a las necesidades actuales del entorno laboral, el concepto de “talento líquido” o fluido puede resultar útil. Su origen parte de la teoría de la “modernidad líquida” acuñada por el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman a finales de los 90 y principios de los 2000. Bauman describía una sociedad de la época frágil e incierta, como consecuencia del cambio permanente derivado de la falta de estructuras sólidas. 

 

El talento líquido nacería posteriormente para ser aplicado al capital humano, con personas capaces de adaptarse a estos entornos volátiles. De esta forma, la resiliencia y la agilidad se convertirían en aptitudes destacadas. Estos/as profesionales poseen dotes que les permiten ajustar sus competencias a necesidades específicas. De esta forma, en lugar de estancarse o permanecer en un rol, tienen la habilidad de migrar en sus tareas y multiplicar sus oportunidades adoptando una mentalidad de crecimiento y desarrollo constante.

 

Entre las características de estos perfiles, destacan:

 
Flexibilidad

Esta cualidad permite ajustarse rápidamente a nuevos entornos, tecnologías o equipos, mejorando la integración eficiente en cualquier posición laboral.

 
Formación

El aprendizaje continuo resulta esencial para mantener una mentalidad adaptada a los cambios y requisitos de los nuevos roles y entornos profesionales.

 
Propósito

Disponer de autonomía y motivación suficiente para buscar retos que fomenten el desarrollo personal y profesional es determinante para no detener el avance profesional.

 
Multidisciplinariedad

Enfocarse en las aptitudes e integrar diferentes competencias son características imprescindibles para poder desenvolverse adecuadamente en cualquier espacio y realizar diferentes funciones o tareas.

 

Al respecto, entender que el talento no es "sólido" sino "líquido", nos permite aceptar la opción de fluir. Como profesionales, incorporar este concepto de “movilidad” en nuestro pensamiento puede ayudar en el desplazamiento a importantes y beneficiosos retos laborales. La resistencia para fluir puede impedir el crecimiento profesional, aumentar el estancamiento y el estrés o incrementar el absentismo y la resignación laboral.

 

Como profesionales, resulta aconsejable tener en cuenta el desarrollo del “talento líquido” pero, además, para las empresas, también es conveniente implementar estrategias para potenciarlo. Para ello, se recomienda:

 
  • Implementar planes de formación y aprendizaje continuo que permitan mejorar la autogestión del conocimiento y aprender habilidades y competencias clave.
  • Promover una cultura organizacional que impulse la adaptabilidad y la movilidad interna, para incrementar la participación en proyectos multidisciplinarios y permitir a los/las empleados/as asumir nuevos roles.
  • Incluir figuras de mentoría y coaching para proporcionar guía personal y profesional.
  • Integrar el networking y hacer uso de las redes profesionales para promover el intercambio de conocimientos y oportunidades. Un ejemplo claro lo encontramos en la plataforma LinkedIn con su alcance y participación.

 

En definitiva, potenciar el talento líquido ayuda a retener talento y mejorar el bienestar de las personas, ayudándolas a hacer frente a la complejidad de la transformación constante del mercado laboral actual. Invertir en talento y personas será, por lo tanto, el mayor beneficio para cualquier organización.

 

 

 

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Imagen: www.freepik.es

 

Talento líquido: claves para mejorar la adaptabilidad y la versatilidad